
Tracklist:
1 Heritage 2:05
2 The Devil's Orchard 6:40
3 I Feel the Dark 6:40
4 Slither 4:03
5 Nepenthe 5:40
6 Häxprocess 6:57
7 Famine 8:32
8 The Lines in My Hand 3:49
9 Folklore 8:19
10 Marrow of the Earth 4:19
Wait for it... - Myspace
Hay grupos a los que se les tiene un cariño especial. A veces sin ni siquiera acordarse por qué. En mi caso, Opeth son uno de esos grupos. Tal vez sea porque fueron mi primer contacto con el death metal o porque tuvieron los santos cojones de sacar un disco de rock progresivo acústico (Damnation, 2003) o porque Mikael Akerfeldt es todo carisma sobre un escenario. Cuando se alcanza este grado de comunión con un grupo las razones dejan de importar te limitas a ir la tienda a comprar cada nuevo disco con los mismos nervios con los que esperas a que la chica que acabas de conocer te devuelva las llamadas. Lo peligroso de esta situación es que los dos te pueden partir el corazón con demasiada facilidad. Ya lo hicieron Muse con ese engendro que llaman The Resistance y todavía estoy tratando de perdonárselo. Una vez ecuchado y aprendido de memoria el último trabajo de los suecos estoy bastante convencido de que así es como se sentirán muchos de sus fans más old schoolers. De verdad que lo siento por ellos.

Heritage es un disco de rock progresivo, sin absolutamente nada de death, nada de voces rasgadas; pero que nadie se engañe, Akelfeldt no ha dejado para nada de lado el metal, aunque muchos se empeñen en verlo así. Éste no es un disco acústico como lo era Damnation. Simplemente no es un disco de death. Además, que levante la mano al que el cambio le haya pillado desprevenido. ... ... ¿Alquien? ... ... ¿Nadie? ... ... Pues eso. Mikael es un tio ante todo sincero, que lleva años avisando de que no va estar tocando metal extremo toda su vida y aireando públicamente si admiración por el progresivo setentero, el folk y demás estilos musicales en las entípodas (o tal vez no tanto) de lo que venía ofreciéndonos con Opeth. Su anterior trabajo ya mostraba claramente la dirección que pensaba tomar en trabajos posteriores y, aunque no estaba exento de metal más o menos extremo, el rock progresivo más clasicote empapaba cada una de sus canciones.
El disco se abre con Heritage, que hace las veces de introducción y cuenta únicamente con piano y contrabajo. Acto seguido, The Devils Orchard desgarra los altavoces con un riff que recuera horrores al Heart Of The Sunshine de Yes; pero mucho más bruto. ¿Quién había dicho que no hay metal? A partir de aquí, 50 minutos de maestría musical y toneladas de clase. Porque si estos tíos ya demostraban buen gusto tocando metal extremo, imaginaos lo que pueden hacer bajando las revoluciones y la saturación de las guitarras. Mención especial para la base rítmica, que ahora tiene mucho más espacio para lucirse, como ese bajo en The Lines In My Hand o las batería jazzeras que salen a relucir aquí y allá a lo largo de toda la grabación.

Lo que más me gusta de éste disco es que, a pesar no tocar tan bruto como antes, son perfectamente capaces de aterrarte hasta la médula cuando les da la gana: el riff central de Famine es como si Jethro Tull hubieran descendido al aberno y Satán les hubiera mostrado el auténtico dolor. En serio, si pudiera pedir un único deseo sería que cada vez que entre a mi puesto de trabajo o al supermercado a comprar detergente o llegue a donde sea que he quedado con mis amigos suene ese riff y la todo el mundo sepa sepa instintivamente que su alma me pertenece a mí y a nadie más.
Un grandísimo disco para escuchar con detenimiento y gozar.
Enjoy!

Heritage es un disco de rock progresivo, sin absolutamente nada de death, nada de voces rasgadas; pero que nadie se engañe, Akelfeldt no ha dejado para nada de lado el metal, aunque muchos se empeñen en verlo así. Éste no es un disco acústico como lo era Damnation. Simplemente no es un disco de death. Además, que levante la mano al que el cambio le haya pillado desprevenido. ... ... ¿Alquien? ... ... ¿Nadie? ... ... Pues eso. Mikael es un tio ante todo sincero, que lleva años avisando de que no va estar tocando metal extremo toda su vida y aireando públicamente si admiración por el progresivo setentero, el folk y demás estilos musicales en las entípodas (o tal vez no tanto) de lo que venía ofreciéndonos con Opeth. Su anterior trabajo ya mostraba claramente la dirección que pensaba tomar en trabajos posteriores y, aunque no estaba exento de metal más o menos extremo, el rock progresivo más clasicote empapaba cada una de sus canciones.
El disco se abre con Heritage, que hace las veces de introducción y cuenta únicamente con piano y contrabajo. Acto seguido, The Devils Orchard desgarra los altavoces con un riff que recuera horrores al Heart Of The Sunshine de Yes; pero mucho más bruto. ¿Quién había dicho que no hay metal? A partir de aquí, 50 minutos de maestría musical y toneladas de clase. Porque si estos tíos ya demostraban buen gusto tocando metal extremo, imaginaos lo que pueden hacer bajando las revoluciones y la saturación de las guitarras. Mención especial para la base rítmica, que ahora tiene mucho más espacio para lucirse, como ese bajo en The Lines In My Hand o las batería jazzeras que salen a relucir aquí y allá a lo largo de toda la grabación.

Lo que más me gusta de éste disco es que, a pesar no tocar tan bruto como antes, son perfectamente capaces de aterrarte hasta la médula cuando les da la gana: el riff central de Famine es como si Jethro Tull hubieran descendido al aberno y Satán les hubiera mostrado el auténtico dolor. En serio, si pudiera pedir un único deseo sería que cada vez que entre a mi puesto de trabajo o al supermercado a comprar detergente o llegue a donde sea que he quedado con mis amigos suene ese riff y la todo el mundo sepa sepa instintivamente que su alma me pertenece a mí y a nadie más.
Un grandísimo disco para escuchar con detenimiento y gozar.
Enjoy!














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